Y ahora, soy feliz. El buen tiempo me acompaña desde ayer (parece que se haya estado esperando a que acabara) y tengo las tardes extremadamente libres. Bueno, es una forma de hablar, porque ayer me dediqué una tarde de compra de ropa y complementos; hoy, de menaje y decoración; mañana, comida. Y tengo tiempo para perderlo, algo que casi no recordaba. Como tardar diez minutos en elegir un helado y sentarme en una plaza cualquiera a comérmelo o probarme cinco camisas y no llevarme ninguna. Tiempo para mí, para irme por las ramas con Joshua o hablar de Bauhaus. Para comprobar que tengo la batería de la cámara cargada o para limpiar la vitrocerámica. Incluso para leer una oportuna postal en la que una oportuna mujer dice que le han contado que en Londres, si una mujer embarazada necesita mear, le puede pedir el casco a un policía. Y hasta aquí puedo leer sin ser escatológico.
En imagen, Vigo. Por fin he tenido tiempo para perderme por la ciudad un rato. Aquí, por ejemplo, la parte oriental de la ciudad, vista desde el parque de El Castro.
En mi lección de cultura gallega (una sección que nunca eliminé del todo, por cierto), una pequeña perla sobre Vigo. La gente tiene una dislexia severa, ya que confunde "mirar" con "ver". En el fondo no es grave: "Miré por la ventana" o "Vi por la ventana". Aunque empieza a preocupar cuando dicen "Ayer miré a Anxo en el arenal".
2 comentarios:
Si si, lo que quieras pero yo aun estoy traumatizado con la foto que colgaste ayer...
pero que se ha quedado cartoniano el Tio Camps!!
Pues te recomiendo las galerías que está sacando últimamente El País. Dignas de ver...
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