Cuestión número 2: paso por El Corte Inglés a franquear unas cartas, porque desde que he descubierto que tienen una estafeta de Correos con un horario compatible con el mío, soy feliz. De paso, me pongo a mirar posibles regalos y...¡pero qué es esto! Me encuentro con el libro que ilustra la entrada: Cocina tradicional alicantina. Creo que jamás había visto una portada tan llena de estereotipos. Creo que sólo falta una foguera al fondo, una Dama d'Elx y el propio Zaplana. Desde luego, ¡cuánto daño ha hecho el regionalismo rancio!
Cuestión número 3: el otro día en plena cena de departamento me suelta mi jefe "a ver, que por Alicante no sabéis de marisco, que te tengo que explicar todo". De repente me salió una vena un poquitín arrabalera y no pude más que decir: "sí, yo no distingo una cangrejo de una nécora y, si me tapas los ojos, todo el marisco me sabe a palito de cangrejo; pero de ahí a decirme que soy de Alicante...". Yo he descubierto que mi irrita casi tanto que me digan que soy de Alicante como de Aldaia (vale, aclararé esta broma, bajo riesgo de que sólo la entienda un 10% de lectores: en Valencia vivía en un pueblo llamado Alaquàs, vecino de otro conocido como Aldaia; ambos comparten calles con mobiliario urbano diferente e, históricamente, los niños de uno y otro municipio jugaban a tirarse piedras...muy cívicos). Lo malo es que he mostrado una debilidad recurrente para el futuro.
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