Los coruñeses hablan el llamado koruño (con escrituras varias, por cierto), que no es más que una mezcla del castellano, el gallego y vete tú a saber qué más. Y es así como he ligado a más de un puril burlando en su kel sobre el koruño. Pero claro, no puedes fingir toda la vida, porque acabas dando un rule al chukel sin darte cuenta o te cachas con un atrapao. Normal que luego no puedas decir "nel del panel" y te mares hasta partirte el eje.
A veces sólo necesitar salir a la calle a partir de medianoche para ver como los fulanos, muchos de ellos magutas, van detrás de las pestruchas, la mayoría de las veces fijándose en sus bufas y en su bul, para ver si se las acaban kilando a cachón o, al menos, soltando un chante. Ya se sabe, los litros, las trujas y los grelos tienen sus efectos. Pero si los malossis latan las pasantías, acaba resultando que a cualquier hora hay un abarrote en el parrote del que más te vale achantarte. En ese caso, más vale irse en cero cinco con unas chorvas, coger unas garimbas y buscar jale, que no es cuestión de que nos metan un juma de mil los maderos. ¿Oíste? Es que sí, buah neno.
En imagen, uno de esos monumentos a los que un buen coruñés diría: "buah, neno, buah". Próximamente, Vigo.
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