Hasta el domingo pasado la campaña en Vigo era un cara o cruz. O una segunda parte de Abel Caballero (PSdG) a dúo con Santi Domínguez (BNG) o un remake de Corina Porro (PP). Pero ahora ya da igual. Sí, sí, da igual completamente que la candidata popular tenga una cuenta de Twitter bastante interesante (cuando no se dedica a repetir lemas vacíos). Que al socialista le van más los actos multitudinarios, como el del otro día en el nuevo auditorio. O que al nacionalista le gusta más la política de cercanía, como cuenta día sí, día también en su blog.
Da completamente igual, porque la campaña ya está rota. La aparición del fenómeno que nos viene ocupando desde el domingo, los indignados, ha aguado la fiesta a los alcaldables en su tradicional última semana de lucha por los votos. Vigo no es una excepción al sentir general. Mala suerte, políticos, es lo que pasa cuando no cumplís con lo que prometéis y la gente no os cree.
No sé cómo quedará todo el domingo en la ciudad; puede que la abstención, los nulos, los blancos o la subida de los pequeños nos den síntomas. Mi opinión es que la izquierda va a acusar más la pérdida de confianza en la clase política, por razones obvias. O, dicho de otra manera, que Corina ya casi tiene el cetro de mando de la ciudad. Tiempo al tiempo.
En imagen un tablón con carteles de partidos políticos mientras atardece en Vigo. Una bonita metáfora para indicar, tal vez, el final de una era. Y el principio de otra.
Hoxe temos a tradicional cita anual coas letras galegas. Unha data festiva que se celebra en Galicia cada 17 de maio dende 1963, conmerando o centenario da publicación de Cantares gallegos de Rosalía de Castro. Este ano a Real Academia Galega adícalle o día ao poeta monfortino Lois Pereiro. Unha aposta valente, xa que Pereiró formou parte da contracultura galega, levou unha vida pouco convencional para moitos e morreu na máis completa soidade. Aínda así, permanece a súa obra na nosa memoria, como este "Contra a morte o amor que vai contigo", contido no libro Poesía última de amor e enfermidade.
Dos días que reserva para min o destino
cada unha das súas noites por vivir
sería a derradeira
a única esencial
se puidese vivirte a ti tamén
trasnoitado sobre o teu corpo en calma
cohabitando os teus soños
sobrevivido á miña inexistencia
soñado nas túas noites
ou prorrogado en ti.
Na imaxe, unha escaleira curta, fermosa, intensa e chea de obstáculos. O que vén sendo a obra poética de Lois Pereiro.
Esta mañana hemos desayunado con la tradicional encuesta que La Voz encarga a Sondaxe la semana previa a cualquier tipo de elecciones. Un conjunto de estadísticas que suele disparar con bastante precisión a su pieza -el resultado electoral del 22 de marzo en este caso- aunque siempre con la mirilla ligeramente desviada a la derecha. Nos levantamos con el cronómetro puesto y, en él, ya faltan menos de siete días para que los ciudadanos renovemos nuestra confianza en los políticos. O todo lo contrario.
El caso es que la encuesta tiene dos lecturas claras: la que dice el titular y la que dicen los números. Si hacemos caso al encabezamiento, no hay duda: "El PP está a un solo concejal de dar el vuelco electoral en seis ciudades gallegas". Sin embargo los números son implacables: el bipartito PSdG-BNG repetiría en Vigo, A Coruña, Ourense, Lugo, Santiago y Pontevedra, mientras que peligraría en la siempre cambiante Ferrol (no acostumbrada a encadenar dos gobiernos del mismo color). Siempre sobre la cuerda, pero ahí están.
Estos datos tan ajustados alimentan las otras dos encuestas que nos regalan periódicos propios de la ciudad en la que vivo. Faro de Vigo apuesta por la pérdida de un concejal del BNG que, probablemente, podría desplazarse al partido del actual alcalde. Atlántico Diario se desmarca dando por segura una victoria del PP, tras obtener dos concejales más que en las anteriores elecciones (aunque sin concretar qué miembro del bipartito se los deja en el camino). El domingo que viene sabremos.
En Galicia, donde no hay elecciones autonómicas en esta ocasión, el asunto se vive de una manera especial. El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, se ha volcado con sus siete candidatos y ha llevado la contienda municipal al ámbito gallego. Una reválida a su gestión al frente de la Xunta una vez superado el ecuador de la legislatura. Precisamente desde los partidos progresistas se critica la excesiva implicación del líder popular en la campaña y no han tardado en acusar a los candidatos de las ciudades de comportarse como marionetas de Feijóo. Políticos.
En imagen, una atracción de feria gratuita patrocinada por Alcaldía de Vigo, en manos del PSdG. Imágenes como ésta sólo sirven para denunciar el uso electoral de los niños. ¿Quién dijo escrúpulos?
Semana histórica en este rincón del mundo, después de la aprobación de la primera área metropolitana de Galicia. Desde el pasado jueves, Vigo y 13 municipios más configuran la primera entidad intermunicipal de la comunidad, poniendo un punto y seguido a un ambicioso proceso empezado en 1999. Éste es el primer paso para que los grandes núcleos de población de la fachada atlántica articulen políticas conjuntas para compartir servicios y costes.
Pero, ¿qué es eso de un área metropolitana y por qué resulta tan importante para las localidades de la ría? La explicación se llama "ahorro". Son muchos los servicios transferidos a los municipios que, prestados de forma conjunta, permiten aprovechar inercias y restar molestias. Se habla de promoción económica, servicios sociales, gestión de suministros y residuos o turismo. Y parece que el primer punto será la integración del transporte público y los diferentes títulos y modalidades de pago que existen. Todo eso sin olvidar el capítulo de la cooperación urbanística y la ordenación territorial, para atender y entender los flujos migratorios pendulares. Casi nada.
Galicia adolece de localismos, no descubro nada nuevo. No en vano, frecuentemente reaparece el debate sobre la necesidad de fusionar un buen número de los 315 ayuntamientos diseminados por la comunidad. Las variaciones demográficas de las últimas décadas han castigado severamente a los municipios del interior y, muchos de ellos, no consiguen cuadrar los ingresos con los gastos. Estas fusiones frías de localidades pueden ser una muy buena opción para optimizar recursos a corto plazo y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.
Aún así, son muchas las sombras que se ciernen sobre este club de ayuntamientos. La principal, como no, la siempre controvertida posibilidad de sobrecargar más la maquinara pública con nuevos funcionarios, burocracia y altos cargos de confianza elegidos a dedo. Y, en este caso en particular, son muchos los que se cuestionan la incorporación de algunos municipios que no se hallan en el área de influencia natural de Vigo.
En imagen, dos barcos de transporte regular de pasajeros maniobran en el puerto de Vigo para salir hacia Cangas y Moaña, respectivamente. Desde el pasado invierno se pueden pagar los viajes en estos medios de transporte con la tarjeta del autobús metropolitano de Vigo. Poco a poco.
Galicia llegó tarde a la moda ochentera y noventera de los grandes centros comerciales. No hablo de las superficies con pequeñas tiendas adosadas; ni siquiera de los espacios con escaleras mecánicas que intercalan cines con restaurantes y boleras. Me refiero a esos recintos con más plazas de aparcamiento que las propias ciudades que los contienen o con tantas actividades culturales como muchos teatros.
Pero más vale tarde que nunca. La evolución de una década a esta parte quita el hipo y sobrecoge el alma, especialmente en estos tiempos de caída incesante del consumo. Un lujo casi asiático que, sin embargo, parece no tener castigo en forma de solapamiento o cierre masivo de tiendas tradicionales. Sin ir más lejos, Vigo incorporó a sus cuentas el C.C. Travesía en 2003 con 25.000 metros cuadrados, Gran Vía en 2006 con más de 41.000 metros cuadrados, A Laxe en 2008 con 13.000 metros cuadrados y Meixueiro en 2009 con 18.000 metros cuadrados. Y ya han prometido que la nueva estación de ferrocarril, que se pondrá en marcha antes de 2015 coincidiendo con la llegada del AVE, contará con 42.000 metros dedicados al comercio. Eso sin olvidar el eterno asunto del desembarco de IKEA en el sur de Galicia.
La gran guinda a esta particular fijación se llama Marineda City, está en A Coruña y es un alegato a la ostentación. Los que se hayan dejado caer por Valencia sabrán de la existencia del C.C. Bonaire, el orgullo patrio del consumismo por aquella zona. Una isla de consumo de 135.000 metros cuadrados que parece una maqueta al lado de los casi 200.000 metros cuadrados por los que se puede pasear desde el 14 de abril en A Coruña. Ikea, El Corte Inglés, Inditex en estado puro, Decathlon, un PC City efímero y así hasta un largo etcétera que supera los dos centenares. Todo ello para aupar al recinto al primero puesto estatal de su categoría y al tercero en términos europeos. Está claro que a la ciudad herculina la fiebre por los centros comerciales llegó algo más tarde que a Vigo, pero aquí está. Tal vez algún día encontraré la respuesta a la gran pregunta: ¿son necesarios tantos centros comerciales y tan grandes?
En imagen, A Laxe, rodeado de las instalaciones del Puerto de Vigo. Imágenes como ésta son irónicas cuando se promocionaba como "la forma de abrir Vigo al mar". Eso sí, maravillosas las vistas de los atardeceres desde su terraza.
El nivel de los primeros espada de los partidos políticos de esta ciudad es de primaria. Casi me atrevería a decir que de jardín de infancia. Cuando faltan siete semanas para los comicios que decidirán en qué manos acaba el cetro de mando de Vigo, unos y otros ultiman sus estrategias. Éstas son unas elecciones municipales que, por cierto, tendrán un cierto tufo a naftalina, ya que el primer edil será un viejo conocido: o Abel Caballero (alcalde entre 2007 y 2011) o Corina Porro (máxima mandataria entre 2003 y 2007).
Contemos la situación desde el principio. Mientras que la Xunta de Galicia está en manos de Alberto Núñez Feijóo (PP), las siete principales ciudades gallegas (Vigo, A Coruña, Ourense, Lugo, Santiago, Pontevedra y Ferrol) están en manos de PSdG y BNG a través de pactos de gobierno más o menos estables. Una cuestión matemática que salva, en muchos casos, el mayor número de votos de los populares en cada ciudad. Pero tan frágil equilibrio de asientos supone que unos pocos miles de papeletas pueden cambiar el gobierno de turno. Es el caso de Ferrol, Ourense y, como no, Vigo.
Los sondeos dicen que en esta última localidad el PP podría obtener 13-14 concejales (frente a los 13 actuales), mientras PSdG lucharía por 8-9 (por 9 actuales) y BNG se conformaría con 5 (igual resultado). En la cuerda floja viguesa coquetean tres pesos pesados y, por lo menos uno de ellos, va a estamparse contra el suelo (en función de si se reedita el bipartito progresista-nacionalista). A saber: Abel Caballero (PSdG y actual alcalde), Corina Porro, (PP y presidenta de la Autoridad Portuaria de Vigo) o Santi Domínguez (BNGy teniente alcalde).
Conscientes de ello, la maquinaria electoral se puso en marcha hace mucho tiempo. Caballero ha dedicado tantos esfuerzos en enderezar sus decisiones al mando del gobierno local, como en sacudir varazos a Feijóo o dedicarse una campaña de autobombo antológica. Sin ir más lejos, la semana pasada inauguró dos veces un auditorio para que no figurase en la placa el nombre del presidente de la Xunta. O se ha dedicado a despilfarrar millones con carteles en obras. Pero Domínguez no se queda atrás, ya que ha empleado tanto tiempo en rehabilitar el Casco Vello u organizar encuentros culturales, como en narrarlos en su blog o subirse al carro de los carteles reivindicativos. ¿Y qué decir de Porro? Pues más de lo mismo: desde su púlpito en el puerto ha sabido convertir cada buen dato en una victoria frente al alcalde. Incluso entonando el "yo soy así y así seguiré" en cuestiones tan polémicas como la demolición de la nave de cableros o la apertura de nuevos espacios recreativos con una cara vegetación de plástico.
En imagen, revistas propagandísticas que los tres partidos han repartido incesantemente en estos últimos días, encarada ya la semana fantástica de las inauguraciones. Estampas como ésta nos recuerdan que, pase lo que pase el 22 de mayo, no pinta bien el futuro político de la ciudad.
Vigo cierra hoy tres días de actos que conmemoran la expulsión de las tropas invasoras francesas de la localidad. Un hecho histórico ocurrido en 1809 y que supone uno de los motivos de orgullo más asentados en el ideario local. Una fecha que insufla de optimismo a la ciudad y que permite quemar los últimos cartuchos de propaganda política antes de iniciar la precampaña electoral, pero de eso ya hablaremos. El resto de los mortales disfrutamos de un día libre extra, un buen número de actos y una oportunidad para reconquistar; cada uno ya sabrá el qué.
La Reconquista no se alarga más allá de un par de días, pero embadurna a la ciudad de un sabor medieval. Una pátina algo exagerada, pero que resulta muy agradable a los foráneos. Puestos de juguetes tradicionales, jabones naturales, pulseras de cuero hechas a mano y comida que se abalanza sobre ti. Olor a churrasco entremezclado con sonido de cuencos cargados de vino golpeándose. Y mucha gente. Gran parte vestida de época o de lo que cuadre. La ciudad está bonita en días así, pese a la lluvia.
En imagen, una banda de gaiteiros pasa frente a un puesto de artesanía para enfilar la plaza de la Constitución, en pleno Casco Vello, bajo algunas banderolas conmemorativas. Bonito sonido y mejor olor para un fin de semana de marzo.