Un sueño
-
Aquel día él y yo decidimos bañarnos en el mar. El cielo era cemento fresco
y el mar se agitaba como un bol de nata batida. Yo iba en chandal. El
chandal g...
Patraix autumnal
-
*Patraix*
Tardor
Primavera d'Hivern, 2017
Hi ha un cúmul de circumstàncies atzaroses que fan de *Tardor* un grup amb
embruix. A hores d'ara, el quintet su...
Día de Galicia e da Festa da Fraga (nas Pontes)
-
Hoy Día de Galicia y de la Fiesta de A Fraga, en As Pontes, mi *family
town*, os dejo el artículo que me han publicado, nada más y nada menos, que
en el l...
Hibernar
-
La última vez que pasé por aquí todavía era otoño, el apacible otoño de
2012. Pero poco después llegó el invierno, el más largo que recuerdo (y que
todaví...
NV
-
Nacho Vegas está triste, ¿qué tendrá Nacho Vegas?
En realidad, Nacho está más que triste. Está sombrío, apesadumbrado y
cansado. Se mueve despacio, habla m...
Sommer
-
Igual que el invierno, el verano ha llegado con fuerza a estos parajes. Con
temperaturas por encima de los 35°, un país acostumbrado al frío no es el
mejor...
DÍA 25: DIA DE FALLAS
-
Después de dos semanas de taller con los niños y de mucho organizar (y
desorganizar...es lo que les hace grandes!)...Llegó el día fallero!!
Primero "la pl...
No le quería fastidiar la sorpresa al alcalde de Vigo, Abel Caballero, que esta mañana se ha paseado por la ciudad con Manuel Chaves, vicepresidente tercero y ministro de política territorial. Porque si por mí hubiera sido, os hubiera contado ya la semana pasada que mi vida ya no transcurre en Kosovo. Se acabaron las malditas obras del Plan E. Obras que, por cierto, ¡han tardado tres meses en acabar! Por fin puedo limpiar las ventanas y persianas sin miedo a que se llenen de tierra, salir a la calle sin pedirle al operario que apague la radial o jugarme la vida en pasos de cebra imaginarios con firmes irregulares. Esas pequeñas minucias que te transportan de vuelta a la civilización. Y que hacen al alcalde y los vecinos decir que "parece el barrio Salamanca de Madrid".
Os dejo a vosotros mismos que comprobéis, a través de Google Street View, cómo eran las cosas antes y, gracias a las diapositivas, cómo han evolucionado y acabado estas obras de humanización. El resultado de revestir todo con granito de Porriño, eliminar un carril a cambio de más aparcamiento y aceras más anchas y nuevo mobiliario urbano es espectacular. Y, sí, la respuesta a la pregunta latente es "no, no estoy enfermo, sólo soy una persona muy constante, metódica y, a veces, con mucho tiempo libre".
Decía Miguel Ríos, en la que será su frase lapidaria, que los viejos rockeros nunca mueren. Toda la razón tiene el buen hombre. Pero podría haber sido mucho más ambicioso en su enunciado, porque los viejos clásicos tampoco mueren nunca.
Y esta nueva lección moral de mi blog no es gratuita, lo prometo. Viene a cuento de un par de asuntos que tengo en mente últimamente. El primero es que llevo algunas semanas viendo la serie cómica entre las series: Friends. Aunque pueda parecer mentira, hasta ahora nunca me había parado a seguirla. Pero gracias al streaming y a una deuda moral, ya voy por la séptima temporada. Estoy en un punto en el que me he conseguido convencer de que nunca va a existir otra serie como ésta (que dure 20 minutos y en un tono de comedia). Y pese a esas conversaciones noventeras y esas vestimentas totalmente ochenteras, ¡los viejos clásicos nunca mueren!
Otro asunto que tengo entre manos desde hace algunas semanas es el de escuchar música. Y me ha dado por recuperar aquellos discos que tenía olvidados: un buen momento para mirar a U2, Travis y Coldplay. Pero me he fijado especialmente en el disco Parachutes, del último grupo. Como imagino que sabréis, fue su album debut y siempre lo tuve como el más flojo. Además, lo recordaba como un disco desordenado, sin un mensaje claro, en la búsqueda de un estilo propio. Y casi lloro al recordar canciones como la sencillamente optimista Don't panic, la declarativa y enamoradiza Yellow, la indescifrable y triste Trouble o la frustrantemente sentimental Shiver. Porque, ¡los viejos clásicos nunca mueren!
No contentos con esta mirada de una década atrás, vuelvo un poco más atrás de la mano de esta noticia. Y es que Spandau Ballet anuncia que vuelve, con una gira y un viejo-nuevo disco. Y con viejos-grandes clásicos como True o Gold, para momentos tan antagónicamente compartidos y solitarios. Youtube, mientras, nos regala esos videoclips sobrecargados de humo, con voces metálicas y hombreras en franca recuperación. Y sólo queda decir que ¡los viejos clásicos nunca mueren!
En imagen, Tentáculo Púrpura o algo parecido gracias al origami. Para aquellos que no lo recuerden, tal vez necesiten echarle un vistazo a uno de los primeros juegos de masas, Maniac Mansion.
Ya se me escapó una vez que en Vigo tenemos un cierto aprecio a la cultura. Tampoco es que sea una locura, pero sí una predisposición a recibir a grandes del teatro, la música, el cine y, por supuesto, la pintura.
En esta línea, Caixanova -si los politiqueos quieren- está preparando para 2010 una retrospectiva de uno de los grandes autores de Galicia del último siglo, Luis Seoane. Y bien, aunque ya sé que nació en Argentina de padres gallegos, de pequeño emigró a Galicia y defendió durante muchos años la buena imagen de esta tierra por Sudamérica.
Dicen que es, también, uno de los más polifacéticos del siglo XX. Y que sus cuadros recuerdan al expresionismo de los 30 en Centroeuropa. Incluso el lienzo que ilustra esta entrada guarda una bonita historia: Seoane lo pintó para ser subastado y pagar así la multa que las autoridades franquistas le habían impuesto a un cura por unos comentarios contrarios al régimen. La colecta fue tan bien que se pudo pagar la multa y conservar el cuadro durante muchos como la imagen de la iglesia durante unos años, por petición de sus feligreses (y tan sólo acabó en la Colección Caixanova porque necesitaban acometer unas reformas). También fue un erudito de las letras: anduvo detrás de todos los géneros y estilos. Además, se dedicó a colaborar en cualquier tipo de publicación que cruzara el umbral de la puerta.
Y es por eso que, aprovechando el siglo de su nacimiento, una iniciativa permitirá recordarlo. Y, a mí, empaparme. Tendréis más noticias, desafortunadamente para muchos de vosotros, en cuanto aterrice la muestra en la ciudad. Serán días intensos de trabajo.
En imagen, el Cristo obrero crucificado de Luis Seonae. Imágenes como ésta no hacen justicia a la realidad...
Un día, hace ya muchos años, hablando con Toni (Aldaia) surgió una de aquellas coincidencias mágicas. Casi por casualidad, había acabado en mis manos un libro muy finito con un título poco sugerente para mis 16 años: Es mor una vida, es trenca un amor* de Joan Pla. El caso es que recuerdo perfectamente el momento en que, tiempo después, los dos nos dimos cuenta que habíamos leído el mismo libro (algo sorprendente, pero no demasiado extraño, porque en aquella época éramos unos lectores empedernidos). La historia se volvió a repetir años después con mucha más gente de la que hubiera imaginado.
Y es un poco extraño, porque no fue un gran éxito comercial, teniendo en cuenta que sólo se pudo leer en valenciano. Pero atrae porque el libro cuenta la historia de amor de dos jóvenes, con la particularidad de que el narrador alterna entre los personajes según cada capítulo. Lo cierto es que Joan Pla acabó por convertirse en uno de los pocos autores actuales que escribe novela juvenil en esta lengua, aunque esta obra era su primer trabajo. Y parece que tuvo cierto éxito. Incluso un día alguien me dijo que se editó una segunda parte (Només la mar ens parlarà d'amor**).
Todo esto me vuelve a la memoria porque el libro transcurre parcialmente en Galicia. En mi adolescencia, todo esto de Galicia me quedaba lejos y me costaba imaginármela. A duras penas, con el libro, esbozaba un paisaje verte: el truco era visualizar algo que conociera y poner más plantas. Rudimentario pero eficaz.
Caprichos del destino, ahora ya no tengo que imaginarme el paisaje, porque todos los días cuento con la oportunidad. Y no he resistido la curiosidad de buscar el nombre exacto de los lugares por los que transita la historia: ¡A Coruña, Vigo y Canido! Y, más caprichos del destino, he estado en los tres: en A Coruña durante nueve meses, en Vigo continúo y en Canido, por ser una de las playas cercanas a Vigo. Al final uno acaba pensando que tantas casualidades tendrán alguna explicación...o ninguna.
En imagen, la playa de Canido un día de este verano, cogida de esta página web. Imágenes como ésta me recuerdan aquello de la relatividad del tiempo, pero también de los conocimientos.
Gadis, o mejor dicho la agencia de publicidad BAP & Conde, lo ha vuelto a hacer: otro señor anuncio. De ésos en los que la gente se siente identificada. De ésos en los que nadie cambia de canal. De ésos que aparecen en blogs como éste. La fórmula es sencilla, la misma que los dos años anteriores: los gallegos son gente diferente. Y la excusa de este año es el tema de moda: la crisis. ¿Y quién mejor para hablar de crisis que los gallegos?
No voy a entrar a hablar demasiado del anuncio, porque sino pierde su gracia. Pero sólo diré que, tras una primera parte un tanto sentimental, viene la parte realmente jugosa: malo será. Pues eso, un "malo será" para los que andan estos días con exámenes a la vista o para los que están preocupados por el trabajo.
Fuimos capaces de hacer la maleta cuando sabíamos que nos alejábamos de nuestra casa por muchos años. Fuimos capaces de viajar donde nadie fuera antes. Luchar sin entender; abrirnos paso en una vida dura y combativa. Fuimos capaces de decir adiós, de ser padre a miles de kilómetros y madre y padre a la vez. Somos capaces de conquistar los mares todos los días y desafiar todas las olas del mar. Somos capaces de madrugar y ser tres personas a la vez. Y sacar una familia adelante y sonreír y gozar. Somos capaces de trabajar y estudiar y ayudar en la casa. Somos capaces de salir adelante como pocos en el mundo. ¿Cómo no vamos a ser capaces de salir adelante en momentos difíciles? ¿Cómo no vamos a ser capaces de inventarnos, de apretar los dientes, de trabajar más y mejor? ¿Y sabéis por qué? Porque tenemos una fórmula secreta.
Tranquila, malo será. Malo será oh. No mujer, malo será. Que sí, que malo será. Malo será. Malo será. Una fórmula con la que predecimos el tiempo: ¿y tú crees que abrirá? Malo será. Y gozamos de la playa: ¿estará buena? Malo será. Con la que aprobamos los exámenes: ¿qué tal el examen? Malo será. Y conocemos gente: esta noche, malo será. Una fórmula con la que encontramos siempre sitio: ya verás hombre, malo será. Y encontramos a nuestros amigos donde sea: no lo vemos ni de broma. Malo será. Y seguimos teniendo fe en los pimientos de Padrón: malo será. Y con la que confiamos siempre en nuestro equipo: ¿salvaremos? Malo será niño. Malo será. Una fórmula que cruzó fronteras: ¿tendremos sitio para dormir en el albergue? Malo será. Y seguirá cruzándolas: este año tendríamos que llenar Nueva York de gaiteiras. Malo será.
Así que cuando tengas dudas, ansias o preocupaciones, ¡utiliza la fórmula secreta! Malo será. Démonos cuenta de lo bien que vivimos, valoremos nuestra forma de vida, ¡vivamos como gallegos! Que malo será...
A él le gustan los accidentes de aviación y, aunque suene cruel, en Vigo precisamente tenemos uno de los más peligrosos de Europa (por encontrarse literalmente entre montañas con un maravilloso microclima). A él le dan cierto repelús los médicos sabelotodo y en Vigo también (por eso, todos parecen en contra del nuevo hospital). A él le tocan bastante la moral los músicos pasados de rosca y en Vigo también (y así se explica que U2 no vaya a tocar el próximo año). A él le gusta creer que tiene una misión divina superior encomendada y a Vigo también (porque es la ciudad, pero no la capital). A él le encanta vivir con un cuchillo entre los dientes, rodeado de peligros y a Vigo también (especialmente si conduces, que tienes que demostrar cierta agresividad).
Pero, sobre todo, a él le gustan las islas teóricamente desiertas y en Vigo tenemos de eso. Y en dos meses, sólo dos meses, empezaremos a descubrir qué más tiene en común John Locke con Vigo.
En imagen, un ejercicio de origami básico que representa al bueno de John Locke, con las Cíes de fondo. Imágenes como ésta nos demuestran que las coincidencias están bastante más cerca que en unos números de la suerte (y también que las tijeras de puntas redondas hicieron demasiado daño a mi generación).
Mira que esta entrada me va a costar un disgusto de carácter familiar, pero no tengo más remedio que ponerla. Se trata de la campaña de abono al Celta de Vigo, un histórico equipo que ahora mismo no pasa por su mejor etapa. Supongo que es mi pequeño homenaje a un trabajo bien hecho y a todos aquellos que tenemos supersticiones demasiado absurdas. ¿Las mías? Diremos que de las que salen en el vídeo solamente la de las escaleras. El resto, en próximas entradas. Dejo una pequeña transcripción no completamente literal del texto (digamos que todavía no me he acostumbrado a algunas palabras propias de la ciudad):
Tenemos el extraño tema de querer acercar la suerte a nuestro lado con cada cosa que hacemos. O que ponemos: los calzoncillos de la suerte, los calcetines mágicos. Como si por hacer ciertas cosas una fuerza del más allá se tuviera que poner de nuestro bando. Algunas rozan lo absurdo, como tener que abrir y cerrar la puerta tres veces antes de salir de la casa. O no pisar las rayas al aparcar. Quizá si subo las escaleras de dos en dos, de una en una, de dos en dos y de una en una; o no quito la bufanda en todo el partido, puede que así pase algo bueno. Incluso llego a creer que en mi oreja está la clave del éxito. Estamos tan acostumbrados a sufrir que tan sólo nos hace falta que funcione una sola vez para volver a hacerlo siempre. Puede que sea lo último que nos quede. Pero aunque muchos piensen que lo que hago no sirve de nada, nunca dejaré de ser del Celta.