De alemanes y palmeras

Publicado el sábado, 28 de marzo de 2009

Cuenta la leyenda que a los germanos les gustan las palmeras. Se ve que les recuerdan a África y a las exóticas imágenes de aquellas películas que han conformado el imaginario común del continente negro. Al sur de Europa, nosotros, no somos tan fácilmente impresionables. Seguramente porque nuestro clima no es tan regio como el suyo y permite que las palmeras sean algo, cuanto menos, cercano.

Cuenta la leyenda, también, que uno de estos alemanes seguía las palmeras allá donde podía. Las fotografiaba y se sorprendía cual niño pequeño cuando encontraba una. Como yo con la nieve. Y dice, aquella vieja leyenda, que incluso quiso comprarse una palmera. Aprendió, pues, que los valencianos aún tenemos algo de aquellos árabes que nos acompañaron durante unos cuantos siglos y que, para qué engañarnos, lo nuestro no son los campos de golf.

El caso es que aquel alemán hubiera dejado de entender todo con esta imagen. Sí, una palmera con musgo. Y es que, en el fondo, son cosas contrapuestas. O tal vez no. Depende.

En imagen, una palmera que me encontré camino de otros menesteres, justo frente al Cantón Pequeño de A Coruña. Imágenes como ésta me demuestran que A Coruña es una ciudad apasionante...¡y estoy contando muy poco de ella en este blog!

De idas y venidas

Publicado el jueves, 26 de marzo de 2009

Las despedidas más amargas, los viajes más incoherentes y las cuentas sin saldar, siempre tienen una parte buena. Lógica empírica, explicación filosófica o fe religiosa, da igual. Pero siempre hay algo que acaba por compensar, que la vida no siempre es tan insistente.

Y después del viaje del lunes pasado, con todo lo que conlleva, no hay nada como reencontrarme con Barcelona. Una Barcelona, por cierto, primaveralmente bella. Una Barcelona que m'estimo molt. Y una Barcelona en la que, pese a pasar un suspiro, me volvió a sonar a Manu Chao, Pirat's y una mezcla de Freddie Mercury y Montserrat Caballé. Todo aquello con los acordes arquitectónicos del Mediterráneo y Gaudí.

En imagen, mi pequeño paraiso en este viaje: una parada y fonda en Dunkin Donuts (aunque no tan fonda como me hubiera gustado). De fondo, Passeig de Gràcia. Cosas como ésta me demuestran que, los viajes, nunca dejan de ser oportunidades.

La obsesión de Amancio

Publicado el martes, 24 de marzo de 2009

Si hay dos empresas a las que admiro profundamente (además de Caixanova, por motivos obvios), éstas son Mercadona e Inditex. Es difícil saber con cuál de las dos me quedaría, pero mataría por entrar durante una semana en cualquiera de ellas. Y no es broma. O tal vez un poco sí...

El caso es que desde hace algunos meses sigo con especial interés lo que rodea a Amancio Ortega e Inditex en general. En el fondo supongo que será porque vivo a un cuarto de hora del hombre más rico de España. Algo que, por cierto, supone todo un ejercicio de autocontrol. Y, descubriendo empresarialmente algunos de sus secretos, no puedo más que quitarme el sombrero. Algo así como que el tiempo medio entre que una prenda de ropa es un boceto y se puede comprar en una tienda es de tan sólo 12 días. Imaginaos el poder que tiene para adaptarse a los gustos de los consumidores. Y especialmente si comparamos esto con H&M, cuyo tiempo de respuesta se alarga hasta 6 meses. O, por ejemplo, que en sólo tres años ya tenía abiertas casi un cincuentena de tiendas, cuando la mayor parte de las empresas sólo dan pérdidas en los primeros tres ejercicios.

El caso es que Amancio tiene una obsesión. Y se llama, precisamente, H&M. Tanto es así que obstaculizó durante años la posibilidad de que la marca sueca llegara a A Coruña. Cuestión psicológica o no, el bueno de Ortega fue comprando todos y cada uno de los locales y edificios en los que se interesaban los suecos. En algunos casos abría tiendas (¿otra más? ¡otra más!) y, en otros, directamente dejaba que se acumulara el polvo. Así es él.

La muestra definitiva llegó con el mercado de la Plaza de Lugo, que antiguamente era el mercado del pescado de la ciudad. En 2002 se tiró abajo y, durante cuatro años, se levantó el nuevo. En el que, y por extraño que parezca, se mezclaba el pescado y otros locales comerciales de servicios. Sí, un concepto un poco raro, pero que casi no da asco (cuanto apenas se percibe un ligero tufillo a faneca). Y, ¿a que no sabéis quién quería comprar los locales comerciales? Sí, H&M. ¿Y a que no sabéis quién los acabó comprando? Sí, Amancio Ortega.

En ellos acabó poniendo un Stradivarius, un Berskha y un Pull&Bear. Y, teniendo en cuenta que Zara, Maximo Dutti, Oysho y Zara Home están a menos de 100 metros, no había lugar para ellos. Como os podéis imaginar, al bueno de Amancio le sobraban metros por todos los lados. Y, como quien no quiere la cosa, revendió parte del espacio a Fnac. Se comenta que a la mitad de lo que le costó. Pero daba igual, H&M no consiguió entrar en 2007.

La historia acabó mal, porque H&M consiguió entrar en A Coruña en 2008, gracias a un hipercentro comercial a las afueras de la ciudad. En el fondo entró porque Amancio quiso, que si hubiera sido por él, compra los 62.000 m2 del centro y crea 10 ó 12 nuevas marcas.

En imagen, el mercado de la Plaza de Lugo, justo a las puertas de la FNAC. Imágenes como ésta me demuestran que en A Coruña todo lo que se mueve, se mueve porque Amancio quiere. Incluso este blog...

Primavera que sí llega...

Publicado el sábado, 21 de marzo de 2009

El invierno que parecía que nunca iba a acabar, acabó. El invierno del “nunca había” dice adiós para siempre. El invierno de la lluvia y viento se diluye con dos semanas de buen tiempo. Y es que, en el fondo, este invierno era un incomprendido, un rebelde sin causa que quería llamar la atención. “Le hace falta una Super Nany”, dirían por ahí dos avezados lectores de este blog. Pero no era mala estación, de verdad. Revoltosa, sí. El caso es que es historia y hasta me daría pena si no fuera porque ya está aquí la primavera. Una primavera bonita y en flor, seguro.

El caso es que me agrada el día. Me enseñaron que hoy empieza la primavera (aunque las estaciones son caprichosas hasta para empezar) y es el cumpleaños de Cristina. Un día en el que, hasta hace nada, tenía la certeza de que pasaría solo. Si acaso por alguna de las dos ciudades gallegas que me faltan por conocer. Pero no. A camino entre Valencia, Castelló, A Coruña, Santiago, Reus, Tarragona y ya no recuerdo dónde más. Con jetlag hasta en el jetlag y con demasiados colchones para una sola semana. O pocos. Pero aquí (o allí).

Un día en el que quiero felicitarte por tus 24 añitos (¡cómo pasa el tiempo!) y, en cierta medida, dedicarte esta entrada. Aunque el verdadero regalo, mutuo, es poder pasar algo de este día juntos. Felicidades, pues.

En imagen, la llegada de la primavera en A Coruña, en el Parque de Santa Margarita. Imágenes como esta borran, casi, la distancia y el resto de penurias de mi final del mundo.

Cuestión de confianza

Publicado el lunes, 16 de marzo de 2009

Siempre recordaré el temple de una novia antes de su boda. No daré más datos, excepto que era gallega. Diré que estaba nerviosa por el banquete, el menú, la iglesia, el cura y hasta por ella misma. Pero no lo estaba por el tiempo. Se casaba un sábado y había llovido varios días seguidos esa misma semana y se acababa el verano. Pero ella estaba tranquila.

El otro día la casualidad me regaló otra conversación, su antítesis. Iba en el coche de Paula, junto a Cristina por Castelló. El caso es que era martes y el viernes celebraban la fiesta de las paellas en su universidad, la UJI. Y alguien dijo: "pues menos mal que hace buen tiempo, que si no las paellas...". Ella también estaba tranquila.

Espero que me hayáis permitido este ejercicio de literatura barata, que parece sin sentido. Pero algo tiene, de verdad. Sólo quería hacer notar dos formas de comportarse: en Galicia a nadie le preocupa que ahora esté lloviendo, porque nadie garantiza que de aquí 15 minutos siga así. Y a una novia no le pone de los nervios que toda la semana anterior a su boda haya caído el diluvio universal. En cambio, en el Mediterráneo el tiempo que hace hoy, suele ser muy parecido al de mañana. Y eso preocupa.

En cierta medida, noto que por aquí la gente no se acostumbra a lo que tiene. Agradece cuando hace un día bonito y se melancólicamente se lamenta de otro día de lluvia más. Otro...

En imagen, un tendedero de la finca donde vivo que, extrañamente, tiene ropa. Precisamente nadie se fía del tiempo aquí, pero tras varios días sin llover, uno se permite sus licencias.

Viceversa

Sé que si alguien lee esta entrada desde Aldaia (poble artista i faener, bressol del palmito*), me ganaré una mayúscula bronca. La persona de la que hablo, seguramente, nunca hubiera concedido el más mínimo grado de benevolencia al tema que ahora trataré...o tal vez sí.


El caso es que odio y adoro a Pau Donés. Son dos sentimientos contrapuestos que, por esencia parecen venir de lugares distintos, pero por experiencia proceden del mismo lado: la no indiferencia. Todo esto viene motivado por la salida del nuevo disco del artista catalán y su grupo, aprovechando viejas canciones para hacer versiones. Como proyecto es una idea interesante y novedosa a estas escalas, similar a la que utilizan la mayor parte de los músicos valencianos: la creación de una discográfica. En cuanto al concepto y formato, se distribuye con El País a 10€, en un pequeño audio-libro con mucha información y explicaciones.

Pero volviendo a su música, que es el eje de esta entrada, debo decir que me desconcierta. Me llegó a encandilar con su flaca, pero lo llegué a odiar mucho. Culpa de ello la tuvo un profesor que quiso leer demasiado entrelíneas una de sus canciones. Cuando Pau, en esencia, es sencillez. Y durante un tiempo (ocho años, puede ser), lo tuve guardado en el armario. Repudiaba sus canciones, sus entrevistas y hasta ese halo de artista creador al más puro estilo Walter Benjamin (estimados periodistas valencianos, recuerden pronunciar correctamente este nombre).

Justo hace 3 semanas, en el coche y con Cristina de copiloto, me abordó la nueva versión de La flaca. Para variar sentencié: esto es un clásico, Pau, y los clásicos no se pueden tocar...qué falta de imaginación. A la semana, hice algo impensable: comprar el disco, que salía ese mismo día con El País. Y, ante mi incredulidad, lo consumí con voracidad. Y Cristina no lo entendió. Pero me gustó, me reencontré con el Pau de la sencillez, el que escribe a las palabras y el que cree que la vida se escribe trazo a trazo.

En imagen, una muestra más de cómo las personas cambiamos, afortunadamente. Y, lo mejor de todo, podemos llegar a ser muy irracionales, muy incomprensibles, muy contradictorios. Y viceversa. Tomada una de las últimas tardes de invierno en el Parque de Santa Margarita en A Coruña.

* Esta frase se encuentra a la entrada de Aldaia y viene a decir: "pueblo artista y trabajador, cuna del abanico". Por supuesto, un alaquasero de pro como yo, no puede más que dudar de estas tres afirmaciones...

Sobre las fiestas valencianas (II): Fallas

Publicado el domingo, 15 de marzo de 2009

Y aunque llevan ya 2 semanas de mascletaes, las carpas de los casales ya cortan las calles desde febrero, los petardos corren por doquier y los monumentos descompuestos toman protagonismo...oficialmente, ya estamos en Fallas. Digo estamos porque, en el fondo, es un estado, una forma psicológica de entender la vida. Esta noche es la plantà y mañana, a primera hora, los jurados recorrerán los miles de monumentos. Y, a la noche, darán el resultado (que, esperemos, no recaiga otra vez más en Nou Campanar). Desde ese momento, más de todo, pero a lo bestia. Las Fallas ya están aquí y mis pies, nuevamente, vuelven a oler a camino, a pólvora.

En imagen, Rita Barberá en una de las fotos que se repiten año tras año, con su mirada sorprendida por verse reflejada en un ninot. Imágenes como ésta me demuestran que por casa, todo sigue siempre igual.

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