Las imágenes de un año (VI)

Publicado el domingo, 3 de enero de 2010

El reto sanitario más importante del siglo XXI parece que ha quedado en algo menos de lo que parecía. Al menos para los que nos podemos permitir aquello de una sanidad reglada y tantos medicamentos como haga falta. La gripe A, que prometía ser tremendamente mortal, ha quedado en poca cosa y muchos otros dramas son más acuciantes en los países subdesarrollados. Pero claro, ese es un asunto de máximo urgencia que no nos interesa, que para eso nosotros ya lo hemos superado. No obstante, casi podemos sentir los gritos de una niña china vacunada de la gripe A, bajo el atento objetivo de Stringer.

Las imágenes de un año (V)

Publicado el sábado, 2 de enero de 2010

Berlín, y toda Europa, celebra otro aniversario de su reencuentro. Un enamoramiento tardío que conmemora el hundimiento de una cruel separación que, caprichos del liberalismo, siempre pagan los mismos. Guste o no, hoy Europa dice que no tiene muros, pero a mí se me ocurren unos cuantos. Pero no es el turno de lanzar pedradas, sino de comenzar a pensar que todavía queda mucho por construir. Y un fasto, como el que capta Wolfgang Rattay, será recordado en el corazón de Europa (que, dicho sea de paso, está unos cuantos kilómetros más al este).

Las imágenes de un año (IV)

Publicado el viernes, 1 de enero de 2010

No abandonamos del todo las tragedias, ya que toca hablar de aquellas semanas en las que todos nos convertimos en expertos de aviación, disertamos sobre balizas, cajas negras y corrientes tropicales. El vuelo AF 447 desapareció en algún punto del Atlántico para siempre y nunca más se supo de la mayoría de los viajeros, así como de las causas de su desaparición. Se hundió y, con él, muchas historias y la confianza ciega de muchos en el avión. Que sí, que es el medio más seguro, pero que levante la mano el que no araña un poco el reposabrazos cuando entra en zona de turbulencias. Esta imagen de la agencia AFP al timón de cola del Airbus 330-200 es la viva estampa de la desesperación, de la inmensidad del vació, de la pérdida.

Las imágenes de un año (III)

Publicado el jueves, 31 de diciembre de 2009

Acaba el año y yo con estos pelos. Un año que, sin grandes buenas noticias, será recordado por las pérdidas que en él hubo, como casi siempre. Y aquí es donde Michael Jackson traspasó la frágil barrera entre el artista y el mito. Y se le valoró más que nunca. Y la red hirvió con montones de homenajes y, como no, teorías conspiratorias. Los grandes son así y, Gabriel Bouys, supo captar y enviar a todo el mundo un instante que ya forma parte de la memoria colectiva de todos nosotros.

Las imágenes de un año (II)

Publicado el miércoles, 30 de diciembre de 2009

Seguimos con la guerra de Afganistán, camino de convertirse en uno de los grandes problemas de Obama, precisamente. Y es que lo que parecía un paseo en comparación con Irak, va camino de convertirse en el nuevo Vietnam de los EE UU. La estrategia bélica de Obama pasa por sacar las tropas y pacificar la zona, algo harto difícil si no se actúa directamente en las raíces del problema: las enormes desigualdades entre los países. David Guttenfelder nos acerca esta imagen que, si no fuera por la desgracia que supone una contienda, hasta tendría cierta gracia. O ironía, dicho sea de paso.

Las imágenes de un año (I)

Publicado el martes, 29 de diciembre de 2009

Aunque de forma efectiva ya lo he hecho, voy a justificarme moralmente: dejo el blog en modo automático unos cuantos días. Esto quiere decir que, durante esta semana (y mientras acabo de planificar unos cuantos asuntos, voy y vuelvo a Valencia, cambio de año y todas estas cosas), el blog publicará unas cuantas reflexiones que se excusan en otras tantas imágenes. Un resumen, pero no de esos rancios que nos ponen en la tele estos días; a la vuelta, más y puede que mejor.


He escogido esta imagen porque simboliza todo lo que deseábamos los que, de una manera u otra, entendimos que el mundo sería un sitio mejor sin Bush, con Obama. Cuando se produjo aquel cambio en enero de 2009, más de uno pensábamos que las cosas iban a cambiar, se cerraría el chiringuito represor de Guantánamo y la política internacional, por fin, cerraría muchas de las heridas abiertas en estos últimos ocho años de gobierno republicano. Pero, desgraciadamente, casi todo sigue igual. Brennan Linsley ha sabido captar la esencia de la esperanza en el cambio.

A guanyar diners...(y 2)

Publicado el lunes, 28 de diciembre de 2009


De vuelta a la rutina me encuentro con que Joan Monleón ha muerto. Si no fuera porque llevaba ya varias semanas leyendo que estaba ingresado en el hospital y en una situación de deterioro bastante avanzado, hubiera pensado que era la típica broma de tal día como hoy. Hubiera tenido algo de mal gusto, pero aún así resultaba tan creíble como la de una que yo me sé que decía que se marchaba a estudiar a Canadá.


Pero no nos desviemos del tema. Monleón era una de las personas que más admiraba del mundo de la televisión y, tiempo atrás, ya le dedicaba una de las primeras entradas de este blog. Aquella vez decía algo así como esto:
Y, sinceramente, si ya lo respetaba por hacer reir a toda la generación de iaies valencianes, ahora mucho más. Mucho más porque él sabía el tipo de programa que hacía en aquel mítico Show de Monleón. Parecía casposo y de fiesta fallera, pero nada más lejos de la realidad: la clotxina, la paella rusa, el conill y el garrafó eran, en cierta manera, como los valencianos. Nos gusta lo chavacano, el humor rancio, sus pajaritas disparatadas, sus "5.000 pessetes" y aquellas mamachico valencianas, con vidrioles a cuestas. Me gusta, y de ahí mi respeto, porque supo captar la esencia de las comarcas valencianas, de las miles de Amparins que hay sueltas y porque mi abuela (que por supuesto se llama Amparín), fue junto a sus amigas a ver a Monleón.
Después de aquella entrada seguí descubriendo el gran apoyo que prestó al mundo de la cultura, especialmente a la cultura popular. Se metió a actor, a showman y a todo aquello que supusiera diversión. Porque él, junto a Els Pavesos, montó un grupo de música entre aficionados de su falla y comenzó a actuar. Con el tiempo, recopiló todas aquellas canciones de tradición oral que tan bien acaban por definirnos. Lo llamó El pardal de Sant Joan i la bolseria [1976], con prólogo de Joan Fuster y, todavía hoy, más de uno le estamos agradecidos (en Youtube se pueden encontrar todas las canciones). Pero las cosas son así y Monle ha dejado este olvido institucional para ser eterno, un referente de la cultural popular valenciana. Aunque siempre nos quedarán sus "a guanyar diners".

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